27/02/2012

Contradicciones




Hoy es uno de esos días donde me observo detenidamente, buscando el punto de quiebre, aquél que me puede hacer vulnerable frente a las adversidades. Para mi infortunio, he encontrado en mis manos el sitio perfecto, el sitio que impedirá muchos sueños. He visto a más de 10 mujeres (muchas más) lograr sus objetivos por el simple y llano hecho de tener unas manos inmaculadas, unas manos que indiquen cierta virginidad que la vida diaria jamás marcó.

     Suelo ser una perona que evalúa cada paso caminado; y por eso, hoy me he detenido, y he querido observar qué ha sido de mí después de estos once años de búsqueda perpetua, de esta búsqueda idealista donde se han encontrado los deseos, las aspiraciones y los desencantos de un alma ingenua, un alma que alguna vez imaginó poder realizar todo lo que su mente le dictara.

     Después de ese período trashumante, ha descubierto con cierto desencanto que algunas aspiraciones se obtienen simplemente con tener unas manos inmaculadas.

     Para mi infortunio, cada una de estas líneas y cicatrices han marcado mi vida en aspectos que no quisiera olvidar. Todavía existe una parte de mí que lucha por una supervivencia inaudita, una supervivencia que siempre me trasciende. Es inconcebible la idea de que me encuentre en constate lucha conmigo misma, y sin embargo, éste es uno de esos momentos. Hoy es uno de esos días donde simplemente la vida va bien, la vida es aquél rompecabezas que alguna vez soñé con terminar.

     Para mi sorpresa, hoy ha sido el día indicado para acabar dicho rompecabezas. Hoy es el día donde la vida me sonríe (después de once años) y me ha dicho que todo ha ido bien, que todos los impulsos y esfuerzos por fin se han materilizado. La vida me ha indicado que por primera vez puedo sentarme tranquilamente... digamos... para escuchar la música que me deleite, o los programas o series o películas que me interesen en este momento.

     Y ha sido justo el día de hoy cuando he decidido desconfiar en esta buena suerte.

(¿Será que las personas como yo no tenemos derecho a sentir esta dicha?)

Me parece inconcebible imaginar que estoy en una posición diminutamente privilegiada. Me da por pensar que es un truco sucio para evaluar mi capacidad de goce del confort. Me da por imaginar que existe alguien, algo detrás de esta luz incandescente, que se deleita al ver a alguien tan diminuto como yo, enceguecido por esta pequeña luz artificial...

     Y justo hace unos minutos, sin querer, he observado mis manos y me he dado cuenta de que todas sus líneas y cicatrices no han sido productos de la imaginación. Afortunada o desafortunadamente, estas líneas, marcas y lunares acumulados durante estos once años, me indican que la vida no puede ser tan fácil, que aún en contra de mis deseos, seré siempre alguien que sólo podrá disfrutar sólo algunos minutos. Para mí, el goce de la vida serán pequeños momentos intensos, donde me pueda escapar de lo que el destino ha deparado para mi.
     No sé si soy altiva o simplemente malinchista, pero a veces, en momentos como el día de hoy, quisiera que la suerte diera un giro inmenso, y me colocara en el sitio indicado (según yo) para que las circunstancias se adecuaran a todos mis deseos. Pero la vida no son los deseos, y a partir de esta observación, he podido comprobar que, si quiero seguir en este camino producto de mis caprichos, debo aceptar los costos que la vida me ha deparado.

    (Afortunada o desafortunadamente, mis  manos estarán siempre conmigo para recordármelo...)

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada