10 jun. 2011

A DOS DÍAS DE LA MARCHA DE LAS PUTAS...




Apenas tuve noticias de que se iba a organizar La Marcha de las putas, decidí acudir, con la convicción de poder colaborar en esta importante iniciativa promovida por otras mujeres que, como yo, están hartas de sufrir abusos visuales, verbales y físicos solamente por el hecho de vestirnos como queremos.

Y no es casual o político el asunto:

En estas tres últimas semanas he recibido agresiones verbales y físicas de hombres que además de no tenerme respeto, han decidido violentar mi cuerpo o imagen.

Los que me conocen saben que suelo vestirme de manera casual-deportiva: siempre ando en tenis, con pantalones de mezclilla y playeras polo o sport. Sin embargo, cuando quiero sentirme linda o atractiva uso zapatos de tacón, o de tacón corrido. Esto sucede realmente en pocas ocasiones porque soy una persona que camina mucho, y hacerlo con zapatillas resulta muy cansado.

Hace algunos días decidí vestirme bonita para ir al Triángulo. Cabe aclarar que verme linda significó únicamente usar un pantalón de mezclilla ajustado, una playera polo y unas zapatillas de tacón corrido. Ahora, para quienes no conocen Puebla, les debo decir que el Triángulo es un centro comercia muy lindo y de moda. 

Regresar a la casa se me hizo muy fácil debido a que el camión pasa muy cerca de donde vivo. Me bajé en la esquina de un Cinépolis, y debo aclarar que eran las ocho de la noche, muchísimas personas estaban saliendo del cine, sin contar a otras que salían del trabajo o la escuela. 

Estando a escasos cinco metros de la calle donde debía dar vuelta, sentí cómo un hombre llegó por detrás para tomarme firmemente los senos y las nalgas. Ante esas situaciones (que antes me habían ocurrido en Mérida) suelo reaccionar de manera agresiva, por lo que inmediatamente lancé gritos e insultos para ese imbécil. Supongo que se asustó, porque corrió lo más rápido que pudo. Pude haberlo seguido, pero desafortunadamente traía tacones y no sé correr con ellos, así que desde lejos seguí gritándole todo lo que en ese momento pasó por mi mente. Lo triste de la situación es que vi a grupos de adolescentes y otros adultos cerca de mi y nadie hizo nada. ¡Me sentí tan impotente! Lo único que hice fue caminar hacia la casa, llorando de rabia e impotencia, sintiéndome violada, porque eso fue, una invasión a mi cuerpo sin consentimiento. Para colmo, en la calle donde debía pasar estaban los cuidadores de la entrada de algunos antros, quienes contribuyeron a mi rabia diciéndome los más comunes insultos hacia mi imagen. Pero estaba ya tan cansada, violentada y sola, que no tuve más remedio que seguir tragando odio mientras caminaba.

La semana siguiente otra vez fui a la misma plaza, vestida de la misma manera, solo que esa vez decidí prepararme: en la bolsa de mano llevé un suéter y un par de tenis; el suéter para evitar que los hombres se fijen en mis senos y sea motivo de otra agresión, y los tenis para correr por si me agreden. Confiada en mi plan, llegué contenta a la plaza. Allá recordé que me hacía falta ciertos víveres para comer, así que antes de regresar a la casa decidí entrar al super para comprar lo que necesitaba.

Soy una persona que se distrae fácilmente, así que una señora me ganó el lugar en la fila de cajas por estar viendo las revistas. Me pareció algo insignificante así que me formé detrás de ella y seguí absorta en las portadas.

Y mientras opinaba que la foto de Anne Hathaway era desfavorecedora, oí muy claramente y cerca de mi oído como otro imbécil me decia mira esas pieeeenas. Algo en mí se activó. Me pareció increíble que estuviera pasando eso justo en la fila del super y rodeada de tanta gente que escuchó lo que el idiota me dijo. Otra vez no me pude contener, así que di la media vuelta y lo estuve mirando fijamente a la cara, hasta que sus ojos se elevaron:

- ¿Disculpe? ¿Me está hablando a mí?

- ¿Qué? Yo estoy viendo las revistas... Pinche pendeja, quien viera tu cara  
   bonita, qué te crees?...

¡El colmo! ¡La fila del super, un idiota que además de agredirme por como estaba vestida me insultaba por haberlo retado, y además, la señora que me ganó el lugar volteó para otro lado, las dos cajeras se hicieron de la vista gorda, y el hombre que estaba formado detrás de ese imbécil se acercó sólo para escuchar lo que estaba pasando!

Quise gritarle que llamaría a seguridad, pero al ver que nadie iba a HACER NADA solo le dije lo más calmada que pude:


- Usted no tiene por qué insultarme...


¡No saben, no se imaginan el coraje y la frustacióm que sentí!

Necesito aclarar que cuando pasó esto, yo ya estaba vestida con tenis y con el suéter, pero no sirvió para nada, no sirvió que ocultara mis senos porque se apareció otro idiota que me agredió. 

Y eso no fue todo. Después de pagar tuve que esperar a que el tipo saliera no ya del super, sino del centro comercial porque tuve miedo de que me golpeara o que estuviera algún amigo y entre los dos me persiguieran... ¡pasaron mil cosas por mi cabeza! Sobre todo, porque ese tipo, estando como a siete metros de mi, se volteó desafiante e hizo como perro: arrastró alternadamente sus pies hacia atrás.

Después de esperar como quince minutos salí del centro comercial nerviosa, buscando el primer taxi del sitio. No iba a regresar en camión, aunque quisiera. Tenía mucho miedo de que el hombre estuviera en el paradero y me siguiera al bajar.

Llegué a la casa y me sorprendí llorando de impotencia porque, vistiera como me vistiera, siempre estaría alguien para decirme cualquier estupidez. Lloré de miedo porque en esos momentos soy agresiva, pero comprendí que eso me podría ocasionar más problemas, porque NADIE ME AYUDARÍA: hombres y mujeres voltearían para otro lado o sólo se acercarían para observar y escuchar mejor. Maldije mi propensión a la autodefensa, porque físicamente me sentí incapacitada para defenderme.

Le hablé a Luis Felipe. Las dos veces le hablé para recibir consuelo, porque lo necesitaba. Necesité escuchar palabras de aliento. Pensando las alternativas para evitar esta situación, tristemente llegamos a la conclusión de que no debo hacer caso de las cosas que escuche en la calle, y que será importante reprimir mi reacción si llegan a violentarme, porque podría pasar algo peor.

Por eso me siento muy identificada con esta marcha. Siento que puedo expresar públicamente mi inconformidad de manera civil. Ya estoy harta de tener que callar este abuso, no lo merezco. No merezco que me traten como un objeto porque no lo soy; tampoco merezco ser violentada en mi cuerpo porque no le pertenezco a nadie. Odio que las mujeres tengamos tatuado en los senos, las piernas y las nalgas VEA Y AGREDA...


PERO SIEMPRE HAY UN PROBLEMA...

Ahora que me preparo para la marcha, pensé en cómo debo vestirme:

En el face he leído que muchas van a vestir con tacón de aguja y medias de red, otras van a vestir de rosa, otras con minifalda...

Personalmente, no quiero vestirme así porque no es mi estilo. Simplemente quiero vestirme como me gusta. Entonces pasó por mi mente el short de mezclilla que sólo uso cuando estoy en Mérida, pensé también en una blusa de algodón gris de tirantes que tiene un bordado lindo, y mis clásicos de tacón corrido (porque iré caminando, el zócalo está muy cerca). Después pensé que sería bueno sujetar algún trapo a la altura de mis senos y mis nalgas donde dijera algo así como esto no es una invitación para que me agredas

Me sentí satisfecha con la organización de mi ajuar. Pero, inmediatamente surgió la pregunta: ¿IRÉ VESTIDA ASÍ DE MI CASA AL ZÓCALO?

Y suena ridículo si lo hubiera pensado hace tres semanas, pero ahora lo digo muy seriamente.

Para llegar al zócalo tengo dos alternativas:

1) Ir sobre la 7 en dirección a los Cines Puebla, en esa esquina dar vuelta y caminar recto hasta el zócalo. El problema con ese trayecto es que en la puerta del hotel "Camino Real" están dos botones que siempre utilizan miradas o palabras ofensivas cada vez que paso.

2) Llegar a la esquina de la 3 sur, dar vuelta a la izquierda, llegar a 5 poniente, dar vuelta a la derecha, llegar a la catedral y de ahí al zócalo. El problema de esta ruta es que paso frente a la CTM y frente al Congreso, donde debo obviar que he recibido el mismo trato de los botones.

¿Pasaría SOLA por el Camino Real, por la CTM o por el Congreso vestida así?

Si al pasar con pantalón he escuchado todas las cosas que me dicen, que sucedería si, además de pasar como he descrito, llevo pegado un trapo con mi lema esto no es una invitación para que me agredas.

Tengo miedo de que se burlen y me digan más cosas. Parece un trauma estúpido, pero realmente lo tengo.

También he pensado buscar a algún acompañante, hombre de preferencia, porque si somos dos mujeres vestidas como se nos de la real gana, podríamos recibir el mismo trato; aunque siendo dos podremos defendernos.

Pensando en mi estrategia para llegar a la manifestación, caí en la cuenta de lo siguiente: 

¡La manifestación no va a cambiar nada! 

Probablemente estaremos muchas mujeres manifestándonos en contra de la agresión. Sin embargo, fuera de ese momento apoteósico, (por lo menos para mí) DEBO seguirme cuidando por cómo me visto.

O sea que no puedo ir sola al Zócalo, caminando, vestida como quiera, porque habrá algún idiota que me diga lo que se le dé la gana, además de burlarse de mi por protestar por esa agresión, por pegarme un trapo en el busto y en las nalgas que diga: esto no es una invitación para que me agredas.

SIN EMBARGO, CORRERÉ EL RIESGO. Deseo contribuir en la cultura de la NO AGRESIÓN A LAS MUJERES, y qué mejor sino haciéndolo desde mi ropa y mi cuerpo.

Sólo espero, realmente espero poder caminar por las calles, ir hacia el Zócalo, vestida como quiera, sin tener que escuchar algún comentario agresivo por parte de cualquier hombre...

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