11 oct. 2009

SOBRE DISCUSIONES RENACENTISTAS QUE SE ACTUALIZAN


Leyendo a los preceptistas españoles medio siglo después de ser publicados, me quedan algunos pensamientos que quisiera comentar en estas páginas. Para empezar, llama la atención el hecho de que la literatura en lengua vulgar, es decir, la española, se tenía en poca estima comparada con el aprendizaje del latín, y éste se apreciaba aún más gracias a la retórica y poética de los grecolatinos e italianos.
Creo que se debe agradecer a estos modelos el enriquecimiento de la lengua y la versificación de la lengua española. Aún hoy, cuando escribimos poemas, utilizamos una acentuación derivada de los pies en la métrica griega (de la cual perdimos el troqueo), lo la versificación barroca de origen italiano, magistralmente adaptado al español.
Hablando de adaptaciones, me parece importante hablar sobre los preceptistas. Resulta que ellos hacían sus libros sobre la manera de versificar, pero no filosofaban sobre lo que estaban escribiendo. Cuando leía esta parte, recordaba que algún profesor de la maestría comentaba que los poetas de ahora deben escribir en versos libres. Decía también que, si alguien tiene la inclinación por escribir con versificación o con rima, están pasados de moda. Simple.
También me tocó ver en mi ciudad natal (Mérida, Yucatán) un hecho similar: quienes están en la cima del canon literario, abogaron en algún momento (cuando no eran del canon) por una poesía de “ruptura”, “juvenil”, o “rebelde”. Ahora que están encumbrados en los puestos culturales y dirigen un espacio de creación literaria, dicen también que se debe escribir sin versificación y sin rima.
Lo triste de esta situación, es que las nuevas generaciones se forman pensando que esa es la manera de ser poetas, y hacen cierta burla de los escritores que tienen una formación clásica. Curiosamente, esta situación coincide con los preceptistas, quienes sólo sabían versificación pero no eran los críticos de formación humanística, ya que éstos realizaban notas explicativas de los textos poéticos, además de hacer anotaciones críticas, realizando aportaciones de carácter filosófico.
Estas coincidencias me hacen pensar que nos encontramos en un momento renacentista, donde muchos escritores sólo escriben como pueden, sin formarse de acuerdo a los clásicos. La gran diferencia reside en que, durante la Edad Media, la mayoría de las personas no tenían educación clásica y no podían leer a los grecolatinos porque no sabían latín. En cambio nosotros tenemos al alcance todos los elementos, pero no los tomamos en cuenta, y preferimos seguir a ciertos mentores que dicen cómo se debe escribir, de acuerdo a una preceptiva actual, sin pensar que tenemos una historia de la poética. Y aún más, no podemos pensar que el estudio de las poéticas sólo corresponde a la cultura grecolatina, pues León Portilla ha rescatado textos de poética en lengua náhuatl, y sorprendentemente, ellos también creían que el discurso es la base de lo que es, de la verdad. El texto resulta una especie de Cratilo platónico, obviamente construido a base de conceptos mesoamericanos, pero coincide con los postulados ontológicos no sólo de los grecolatinos, sino del género humano.
Resulta desesperante escuchar a personas que siendo literatos, establezcan conceptos teóricos cual dogmas, no permitan opiniones diferentes, establezcan cánones y se erijan como portadores de la verdad poética: ¿pero qué cosa más vil y abatida, o qual puede ser maior ceguera de ánimo que no saber cosa por sí, ni juzgalla, antes pender todo del sentido i juizio ajeno, no guiarse por alguna razón, antes moverse siempre por la sentencia i opinión de otros? Y lo peor es que escriben de forma despreocupada, es decir, sin conocimiento de la historia y práctica de la poética.
Opino que nosotros, como apéndices de la literatura, tenemos a obligación de conocer y poner en práctica las poéticas clásicas. Peco de dogmática también, pero creo que me puedo justificar. Se puede practicar dicha poética pero no necesariamente seguir toda la vida, es parte de la necesidad de conocer el gran alcance que tiene nuestra lengua. Coincidiría con Fernando de Herrera cuando dice que debemos tener claridad en las ideas y claridad en las palabras, limpieza en el discurso. Me sitúo con una postura de conocedora, pero que es capaz de escribir sin rebuscamientos. Deseo alcanzar, como dice Herrera, un pensamiento profundo con un discurso claro, sencillo y ameno.
Por último, solo quisiera describir, a manera de ejemplo, un acontecimiento renacentista en este nuevo siglo. Creo que algunos recordamos la polémica que produjo el poemario de Javier Sicilia cuando ganó el premio Aguascalientes, ya que un crítico, supongo de un canon contemporáneo, juzga negativamente el hecho de que el poeta tome literalmente algunos versos de poetas barrocos. Sicilia se defendió, etcétera. El caso es que este ejemplo evidencia dos posturas: a) La posición de un autor contemporáneo, de acuerdo a una poética renacentista, b) El juicio de un crítico que al parecer 1) no conoce la historia de las poéticas en lengua española y 2) No acepta a quien toma como ejemplo a los clásicos.
Gracias a esta lectura he confirmado mi compromiso por conocer las poéticas, pues, a título personal, deseo tener la práctica de ellas para alcanzar el perfeccionamiento, la claridad y la coherencia de mi discurso.

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